¿Cuántas de nuestras computadoras colapsaron por el efecto “año 2000”?; ¿cuántos allegados padecieron el mal de la “vaca loca”?; ¿cuánta correspondencia contenía “ántrax”?; ¿cuántos enfermamos de “gripe A, aviar o porcina”?. Quizás al responder estas preguntas, descubramos que los peligros enunciados eran sobredimensionados, lo cual nos lleva a reflexionar: ¿por qué ocurre esto?, ¿qué hay detrás?.
Ciertos medios de comunicación difunden temas con tono alarmante, con lo cual suelen captar una audiencia cada vez más numerosa y temerosa, terreno propicio para que los anunciantes publiciten sus “productos curas”. Así, es probable que algunos de nuestros miedos sean suscitados para obtener réditos económicos: los medios difusores vía pauta publicitaria, y sus anunciantes respondiendo a una demanda creciente de sus “soluciones”.
En ocasiones, los multimedios de comunicación nos incuban temores de manera sutil; muestran cuerpos y rostros cuasi-perfectos con lo cual los espectadores, personas normales, se sienten excluidos del patrón de belleza mediático. Surge así el temor a no ser aceptado socialmente, que se puede revertir adquiriendo ciertos bienes y servicios, como cremas antiarrugas, champús, cirugías estéticas y todo tipo de tratamientos para ingresar a ese “mundo feliz”, previo pago de sus bolsillos. Otra táctica es la de mostrar especialistas que se refieren a peligros como colesterol, obesidad, entre otros y a continuación en las tandas publicitarias aparecen las soluciones en forma de productos y/o tratamientos para tales males.
La inseguridad es quizás el miedo más propagado en formato de noticias estremecedoras reiteradas por las cadenas multimediales. Cabe aclarar que sería necio minimizar la existencia de la inseguridad, problemática que cala hondo en el sentir de las víctimas, y preocupa al resto de la sociedad. En tanto, que resulta maliciosa la otra situación extrema que sobredimensiona los acontecimientos delictivos construyendo y difundiendo relatos cargados de dolor y muerte que parecen llevarnos al pánico total. Al respecto vale recordar que los datos en nuestro país indican que las causas de muerte violenta están dadas en primer lugar por los accidentes de tránsito; en segundo por asesinatos entre familiares y allegados; el tercer por suicidios, y en cuarto lugar por delitos. Sin embargo los medios parecen no seguir ese orden, y ello puede atenerse a otros intereses.
Planteada la necesidad, se impulsan varios negocios que prometen “satisfacción segura”: desde pólizas o alarmas hasta countries con accesos exclusivos. Incluso algunas empresas llegan a incubar el miedo por vía publicitaria, para posteriormente ofrecer su “producto-cura”. Ejemplo de esto, son los cortos televisivos de Puertas Pentágono; uno de ellos nos muestra una mujer con su bebé en brazos frente al tv que emite imágenes y sonidos cargados de violencia, mientras en una pared lateral aparece una sombra amenazante ingresando al hogar. Tras lo cual anuncia: “nadie está tranquilo sin pentágono (…) viva sin miedos tenga pentágono.”
La inseguridad tendría también aplicación política, así algunos parecen fogonear protestas violentas con la intención de provocar zozobra en la población, para sacar réditos propios. Otros han llegado a difundir cortos televisivos aterradores. Hace poco tiempo puedo verse en uno de ellos a una pareja que escucha gritos desesperados: “¡AYUDA! ¡POR FAVOR ALGUIEN AYUDEME!”. La mujer le dice a su pareja que es una TRAMPA, que no salga, mientras los gritos continúan. Tras lo cual aparece una placa que dice: “Hasta la posibilidad de ser una buena persona nos robaron”; “Nos robaron todo”. Y finalmente se ve a Ricardo Alfonsín como la solución.
Los miedos políticos más comunes adoptan la forma de declaraciones públicas de miembros del establisment que buscan provocar el desánimo como las escuchadas años atrás, desmentidas por el paso del tiempo, tales como: “estamos fuera del mundo”, “hay inseguridad jurídica”, “no hay libertad de expresión”, “van por la caja”, “el bicentenario nos va a encontrar comiendo carne importada”, “va a faltar leche, pan”. A lo que sumaban pronósticos agoreros que anunciaban el desastre inminente, la caída de la actividad, el desempleo, la crisis social, la inseguridad. Todas ellas, replicadas por los medios hegemónicos de comunicación para incubar el virus del temor en la ciudadanía y direccionar la intención de voto hacia políticos anuentes a sus intereses.
Ese establisment corporativo omite enunciar que una de las causas de la inseguridad es el producto de su ambición desmedida: desigualdades sociales, donde los sectores postergados son sometidos mediáticamente al consumo ostentoso del otro extremo que muestra y hasta promociona lo que niega. Entretanto, y en busca de la seguridad esa otra parte de la población adquiere nuevos “productos curas”, y así surgen más vigilantes, más rejas, más cercos perimetrales, más perros guardianes, más autos con vidrios polarizados, lo que paradójicamente hace que su entorno se perciba más temible, más peligroso. Así la máquina del miedo se retroalimenta a si misma, generando en forma sucesiva mayores temores; luego nuevas “curas”; más sensación de inseguridad y el circulo parece no tener fin.
¿Cómo luchar contra los miedos?; ¿existe alguna terapia?. Al respecto Zygmunt Bauman en su libro Miedo líquido nos dice: “El único comienzo prometedor para una terapia contra el miedo que crece y, en última instancia, nos incapacita es ver más allá de él, hasta lo más hondo de sus raíces, porque el único modo prometedor de continuar dicha terapia pasa por enfrentarse a la tarea de arrancar esas raíces.” Entonces, es probable que descubramos que muchos de nuestros miedos tengan sus raíces en el entrecruzamiento de intereses corporativos, donde la usina mediática de los miedos tiene vinculaciones con quienes prometen sus curas. Publicado en el Diario. Agosto 2011.
En ocasiones, los multimedios de comunicación nos incuban temores de manera sutil; muestran cuerpos y rostros cuasi-perfectos con lo cual los espectadores, personas normales, se sienten excluidos del patrón de belleza mediático. Surge así el temor a no ser aceptado socialmente, que se puede revertir adquiriendo ciertos bienes y servicios, como cremas antiarrugas, champús, cirugías estéticas y todo tipo de tratamientos para ingresar a ese “mundo feliz”, previo pago de sus bolsillos. Otra táctica es la de mostrar especialistas que se refieren a peligros como colesterol, obesidad, entre otros y a continuación en las tandas publicitarias aparecen las soluciones en forma de productos y/o tratamientos para tales males.
La inseguridad es quizás el miedo más propagado en formato de noticias estremecedoras reiteradas por las cadenas multimediales. Cabe aclarar que sería necio minimizar la existencia de la inseguridad, problemática que cala hondo en el sentir de las víctimas, y preocupa al resto de la sociedad. En tanto, que resulta maliciosa la otra situación extrema que sobredimensiona los acontecimientos delictivos construyendo y difundiendo relatos cargados de dolor y muerte que parecen llevarnos al pánico total. Al respecto vale recordar que los datos en nuestro país indican que las causas de muerte violenta están dadas en primer lugar por los accidentes de tránsito; en segundo por asesinatos entre familiares y allegados; el tercer por suicidios, y en cuarto lugar por delitos. Sin embargo los medios parecen no seguir ese orden, y ello puede atenerse a otros intereses.
Planteada la necesidad, se impulsan varios negocios que prometen “satisfacción segura”: desde pólizas o alarmas hasta countries con accesos exclusivos. Incluso algunas empresas llegan a incubar el miedo por vía publicitaria, para posteriormente ofrecer su “producto-cura”. Ejemplo de esto, son los cortos televisivos de Puertas Pentágono; uno de ellos nos muestra una mujer con su bebé en brazos frente al tv que emite imágenes y sonidos cargados de violencia, mientras en una pared lateral aparece una sombra amenazante ingresando al hogar. Tras lo cual anuncia: “nadie está tranquilo sin pentágono (…) viva sin miedos tenga pentágono.”
La inseguridad tendría también aplicación política, así algunos parecen fogonear protestas violentas con la intención de provocar zozobra en la población, para sacar réditos propios. Otros han llegado a difundir cortos televisivos aterradores. Hace poco tiempo puedo verse en uno de ellos a una pareja que escucha gritos desesperados: “¡AYUDA! ¡POR FAVOR ALGUIEN AYUDEME!”. La mujer le dice a su pareja que es una TRAMPA, que no salga, mientras los gritos continúan. Tras lo cual aparece una placa que dice: “Hasta la posibilidad de ser una buena persona nos robaron”; “Nos robaron todo”. Y finalmente se ve a Ricardo Alfonsín como la solución.
Los miedos políticos más comunes adoptan la forma de declaraciones públicas de miembros del establisment que buscan provocar el desánimo como las escuchadas años atrás, desmentidas por el paso del tiempo, tales como: “estamos fuera del mundo”, “hay inseguridad jurídica”, “no hay libertad de expresión”, “van por la caja”, “el bicentenario nos va a encontrar comiendo carne importada”, “va a faltar leche, pan”. A lo que sumaban pronósticos agoreros que anunciaban el desastre inminente, la caída de la actividad, el desempleo, la crisis social, la inseguridad. Todas ellas, replicadas por los medios hegemónicos de comunicación para incubar el virus del temor en la ciudadanía y direccionar la intención de voto hacia políticos anuentes a sus intereses.
Ese establisment corporativo omite enunciar que una de las causas de la inseguridad es el producto de su ambición desmedida: desigualdades sociales, donde los sectores postergados son sometidos mediáticamente al consumo ostentoso del otro extremo que muestra y hasta promociona lo que niega. Entretanto, y en busca de la seguridad esa otra parte de la población adquiere nuevos “productos curas”, y así surgen más vigilantes, más rejas, más cercos perimetrales, más perros guardianes, más autos con vidrios polarizados, lo que paradójicamente hace que su entorno se perciba más temible, más peligroso. Así la máquina del miedo se retroalimenta a si misma, generando en forma sucesiva mayores temores; luego nuevas “curas”; más sensación de inseguridad y el circulo parece no tener fin.
¿Cómo luchar contra los miedos?; ¿existe alguna terapia?. Al respecto Zygmunt Bauman en su libro Miedo líquido nos dice: “El único comienzo prometedor para una terapia contra el miedo que crece y, en última instancia, nos incapacita es ver más allá de él, hasta lo más hondo de sus raíces, porque el único modo prometedor de continuar dicha terapia pasa por enfrentarse a la tarea de arrancar esas raíces.” Entonces, es probable que descubramos que muchos de nuestros miedos tengan sus raíces en el entrecruzamiento de intereses corporativos, donde la usina mediática de los miedos tiene vinculaciones con quienes prometen sus curas. Publicado en el Diario. Agosto 2011.
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